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Simplemente Blog

domingo, marzo 05, 2006

U2 desde el círculo dorado

2206. Mientras miraba el número marcado en mi antebrazo con plumón negro, me costaba creer que me había atrevido a hacerlo. 5:30 am, aún faltaban un par de horas para el amanecer y ahí estaba yo. Haciendo una larga fila en rededor del Estadio Nacional en espera de un concierto que me tenía expectante hace mucho: U2. La mujer "del lápiz" se estaba paseando por toda la fila que bordeaba el estadio, marcándo a los fans expectantes con una numeración que llegaría hasta el 4.500... número de personas que podía entrar el "Golden Circle", esa preciada sección pegada al escenario donde podrías ver a U2 a sólo un par de metros. Y es que en este caso...las mejores entradas no se podrían comprar, sólo se podían conseguir con el esfuerzo madrugados (o ganando un sorteo o con buenas conexiones)
Cuando vi el foco de una cámara de televisión, lo único que pensaba era en todas esas veces que había calificado de psycóticos a esa gente que acampaba fuera de los cines para ser los primeros en ver La Guerra de las Galaxias. "No es lo mismo", nos confortábamos entre nosotros, "la película se puede ver otro día". En cambio estar dentro del Golden Circle a un par de metros de Bono, sólo se da una vez.
Ya a las 8:00am el frío y el sueño me empezaron a hacer dudar acerca de mi desición que hace unas horas me había parecido tan osada. Por suerte, la fila empezó a avanzar para hacernos entrar al Estadio Nacional. Me sentí un poco orgullosa de la organización de la gente. Era el fan club oficial de U2 el encargado de todo; la productora le había prometido el acceso al golden circle con tal de que no se armara un despelote y todos los fanáticos se comportaran lo más parecido a una manada de ovejas. En un principio lo lograron, tipo 10 yo ya figuraba dentro de la pista atlética del estadio, con un fuerte sol en la cara y absolutamente nada que hacer.
La creatividad del chileno se hizo ver cuando un ingenioso recogió uno de los paneles de cartón que figuraban apliados al fondo de la cancha y empezó a crear una especie de casucha. Acto seguido, más de 100 personas optaron por hacer lo mismo, y en cosa de minutos, ya habían cientos de casitas que inundaban el lugar. Fue el minuto para dormir, cerrar los ojos y aprovechar que había espacio para estirarse.
Si bien se fue nublando, salvándonos a todos de una inminente insolación, el tema del baño no fue menor durante la jornada. Tengo que admitir que por primera vez en la historia, la fila para el baño (químico, por supuesto) de los hombres era más larga que la de las mujeres, aunque ambas implicaban esperar una media hora para acceder a un cubículo inundado y con un olor bastante difícil de tolerar.
Era un circo. Desde una pareja (de hombres), vestidos con poleras idénticas, una de las cuales tenía una "U", en la espalada y la otra un "2"... la cantidad de silbidos que se llevaron esos dos, los debe haber hecho dudar seriamente de su elección de vestimenta. Una mujer le alegaba a otras que llevaba un mes llegando de la pega a estudiarse las canciones para que la plata de la entrada valiera la pena. También estában los clásicos precavidos, con bloqueador solar, picnic y hasta una pequeña radio para pasar el rato. En la espera las amistades proliferaban, espacialmente cuando eres un grupo de 5 mujeres en medio de una masa de miles de personas, que en su gran mayoría son hombres.
Y luego fueron las 12. Lo rumores era que a esa hora nos harían entrar al estadio en si, para esperar el concierto mirando el escenario aún vacío. Pero una cosas es armar una fila con gente que va llegando paulatinamente, y otra es decirle a 4500 personas que vuelvan a organizarse. ¿Cómo? "Qué número tení tú?". Obviamente no iba a dar resultado. Menos si el encargado decidió que se harían filas de a 500, una al lado de la otra. "¡Tienenque ser correlativas!", gritaba. ¿Correlativas?. No fue una sorpresa cuanto la técnia no funcionó y 2 horas (sí, dos horas) después, irrumpiera el caos. Era bastante predecible, el orden imperante era demasiado bueno como para durar para siempre.
Yo opté por la madurez y me rehusé a correr cual toro desenfrenado hacia el preciado círculo dorado. Con mis amigas nos fuimos caminado, siempre dignas, y logramos quedar al lado de una de las mangas del escenario. Eran las 2pm. Fue ahí, cuando me di cuenta que todavía quedaban 7 horas! para el concierto que me empezé a desesperar. Y es que el día ya había sido demasiado largo, ya llevábamos 8 horas en esto y aún nos quedaba la mitad. Ahí dormitamos, acostadas en el suelo, para que nadie nos fuera a quitar el puesto que tanto nos había costado obtener.
Una de las cosas que más me impresionó fue cuando abrieron las puertas de cancha para los comúnes mortales y podíamos ver cómo se llenaba el estadio, y la gente se aglutinaba en torno a la reja que los separaba del espacio donde nosotros nos encontrábamos. Era una sensación de poder, de recompensa al esfuerzo que empezaba a hacer valer las horas de espera.
Cuando salió Franz Ferdinand, me empezé a emocionar. Estaba tan cerca del escenario que supe que cuando apareciera U2 iba a verlos a una distancia mínima. Tengo que admitir que el teloneo se me hizo enterno, pero cuando finalmente apareció Bono, estaba a menos de un metro mío. Y es que justo había aparecido en la manga derecha donde estábamos ubicadas, vestido con una chaqueta con la bandera chilena.
El recital fue memorable, impresionante, de esos en que cada canción te para los pelos y no puedes creer que estén prescenciando un espectáculo así. En tres canciones Bono estuvo a centímetros de mí, y yo me acordaba de las miles de veces que había visto videos donde el público estaba a una distancia envidiable, y ahora yo era una de ellas.
Cualquier persona que haya ido a ese concierto sabrá que el público estaba encendido, y que U2 se dio cuenta y que eso se notó en las canciones. No sólo tocó más que en los recitales anteriores, sino que regaló "All I want is you", que no había tocado en los demás. Canté hasta que se me acabó la voz, salté haste que ya no sentía los píes. La verdad, me posesioné un poco, y fue solo después, cuando todo se había acabado y tenía el cuerpo destrozado, que me di cuenta que llevaba 20 horas en ese lugar... y que había valido completamente la pena.
(Fotos de La Segunda)